No entiendo nada

17-08-2020

Spoiler: Final feliz

No entiendo nada. Llevo dos días buscando, olfateando cada rastro de este camino que nunca termina. El suelo quema, y yo estoy agotado y mareado, pero no puedo fallarles, debo encontrar a mi familia, pueden estar en peligro, me necesitan.

No entiendo nada. Un coche ha parado, y un tipo muy amable me ha ofrecido agua. Tengo mucha sed, he bebido sin descanso. Cuando he levantado la mirada, ya se había marchado.

No entiendo nada. El rastro siempre me lleva al mismo lugar, a este árbol junto al camino. Los coches no dejan de pitar, uno me ha golpeado. Me tumbaré un rato, quizá ellos también sigan mi rastro y me encuentren.

No entiendo nada. Me he despertado en el asiento trasero de un coche. La conductora conduce deprisa, y me mira cada pocos segundos mientras habla con alguien por teléfono.

No entiendo nada. Llevo una semana en el veterinario. Me han puesto hierros en la pata trasera y camino con dificultad, pero el doctor Sergio me cuida, me habla y me saca a pasear al patio para que ejercite mi patita. También viene a verme Andrea, la chica del coche, pero su mirada ya no es de tristeza como aquel día, sino de alegría, es la persona más guapa que he visto nunca. Quiero quedarme con ella para siempre.

No entiendo nada. Mi patita ya está mucho mejor, pero me han llevado a un sitio donde hay muchos otros perros. Todos me ladran, algunos quieren jugar, pero otros me enseñan los dientes. Tengo miedo. Mi compañera de jaula es una perrita pequeña y peluda, casi no le veo la cara, ella también es nueva y está asustada.

Empiezo a entender. Llevo 6 meses en el refugio. Me ha quedado una leve cojera, pero juego y corro con todos mis compañeros. Los voluntarios nos mojan con la manguera para combatir el calor, y yo juego a cazar el agua a mordiscos, ¡Qué felicidad! Los sábados viene Ana, mi voluntaria favorita, tenemos una conexión especial y pasamos horas dándonos mimos; yo le lamo las manos, y ella me rasca la panza cuando hago la croqueta. A mi compañera de jaula le han cortado el pelo por el calor y he descubierto que le falta un ojito, y sin embargo, está más contenta y guapa que nunca.

Empiezo a entender. Muchos días nos visitan familias, padres y niños que juegan con nosotros y nos dan cariño mientras nosotros hacemos gala de buena educación y afecto incondicional. De vez en cuando, uno de nosotros se marcha con ellos y no vuelve más. Todos queremos ser "el elegido" y que una de esas familias nos dé una oportunidad.

Empiezo a entender. Hoy hace 1 año que llegué al refugio. Es sábado, pero Ana no ha venido sola, la acompañaba una pareja joven. Nada más entrar se han acercado a mirar a los cachorros. Los cachorros son magnéticos, todo el mundo quiere tocarlos y besuquearlos. Sin embargo, no han querido entrar a su jaula, han venido los tres derechos a la mía y Ana ha abierto la puerta.

- ¡Ven aquí Lobo! No tengas miedo, han venido a conocerte.

Estoy nervioso, hay algo diferente en el ambiente. Me acerco tímido y expectante. Pero enseguida noto su mano, pequeña y suave, acariciar mi lomo, y me relajo.

- Eres precioso Lobo, nunca volverás a pasarlo mal cariño. En casa tienes preparada tu camita, tu correa, y los juguetes de Toby son ahora los tuyos también.

No puedo evitarlo, mi colita se mueve a toda velocidad, les lamo las manos y hago la croqueta, todo al mismo tiempo. Me ponen un precioso collar color rojo y abandono mi jaula. Mis compañeros se despiden de mi con la mirada, y me ladran como homenaje, estos tipos son mis hermanos.

Ya lo comprendo todo. Soy feliz. Soy muy muy feliz. Toby no quería compartir sus cosas al principio, pero ahora somos inseparables, ambos pasamos olímpicamente de nuestra camita y dormimos acurrucados en el sofá. Marcos y Laura son los mejores papás del mundo. Juegan conmigo en la terraza lanzándome agua con la manguera, yo salto y la cazo a mordiscos, y ellos me hacen fotos para mandárselas a Ana.
En otro día en el parque me crucé con mi antigua compañera de jaula, ahora se llama Marilyn y camina junto a una señora igual de presumida que ella. Casi no la reconozco, ¡Menudo cambio!

Yo ya lo comprendo todo. ¿Y tú? ¿Has comprendido la importancia de adoptar en lugar de comprar? Muchos perros y gatos como yo, de todos los tamaños y edades, te esperan en Adoptamics. No compres, ¡ADOPTA!