Noa

Noa Noa, un día apareciste en la puerta de casa, eras un pellejo asustado sustento de mil caparras. ¡Qué injusta es la vida! Te bastó una mirada para ganarnos.

Poco a poco el miedo se tornó en confianza y afecto. Por unos días eras una más de nuestra familia, te quisimos y fuiste feliz. Por desgracia no pudiste quedarte con nosotros.

Si hay cielo seguro que ahora estarás corriendo por el verde césped del paraíso, moviendo tu colita torcida y dándole la manita a los ángeles. Aunque estuviste poco tiempo, nos dejaste tu huella y vivirás en nuestro corazón para siempre.

Pepa y familia.